25 de junio de 2025 – Aniversario de la Confesión de Augsburgo.
Pr. Hernán Dalbes.
Hoy recordamos la Confesión de Augsburgo, presentada el 25 de junio de 1530. No como una pieza de museo, ni como una reliquia dogmática, sino como un acto de valentía que desnudó los abusos del poder religioso y político en nombre de una fe liberadora. Fue la mayor expresión de confianza en el Evangelio, ese que proclama que somos amadas y amados por gracia, sin mérito ni condición. Ese mismo Evangelio nos empuja hoy a seguir confesando en favor de las personas vulneradas.
Ser confesionales hoy —desde una memoria viva de Augsburgo— no significa repetir fórmulas, sino encarnar el corazón de aquella confesión: que el amor de Dios no puede estar encadenado por estructuras injustas, ni por normas que excluyen, ni por dogmas que silencian. La Confesión de Augsburgo fue una protesta pertinente ante los abusos del poder religioso. Está viva y no debe ser usada para oprimir a las niñeces, a las mujeres, a las personas LGBTIQ+, migrantes, pobres o disidencias.
Confesar la fe en 2025 es también denunciar lo que deshumaniza: el sálvese quien pueda, el abuso de poder religioso, la teología de la prosperidad, la indiferencia ante el hambre. Y es anunciar, como en 1530, que el centro de la Iglesia no es el control, sino la cruz de Cristo: escándalo de gracia para toda persona despreciada, olvidada o empujada fuera.
La historia de Augsburgo sigue, y hoy nos toca a nosotras, nosotros, nosotres leerla a la luz de los capítulos de nuestros contextos. Que nuestra confesión —con palabras y acciones— siga proclamando que sola gratia no es solo una fórmula, sino una revolución: la de una Iglesia que no se conforma con ser espectadora, sino que se levanta junto a quienes siguen esperando justicia.







