En este Día de la Bandera, compartimos una reflexión pastoral que nace del corazón de nuestra comunidad. El templo de San Lucas fue escenario del acto de promesa a la bandera por parte de estudiantes adultxs, recordándonos que la patria vive en quienes la construyen desde la vulnerabilidad y la esperanza. Una iglesia comprometida no puede estar ausente donde la dignidad, la justicia y la educación se hacen cuerpo y bandera.
La Patria que arde.
Pr. Hernán Dalbes.
Pastor IELU, titular de la Congregación San Lucas.
Cada 20 de junio recordamos a Manuel Belgrano, pero más allá de la figura ilustre, lo que verdaderamente conmemoramos es el gesto profundo de crear un símbolo común. La bandera flamea no como un trozo de tela, sino como el sueño colectivo de una patria donde quepan todas las personas. Una patria que no solo se define por sus márgenes y mojones, sino por el cuidado con el que abrazamos a quienes han sido empujadxs a los bordes de las desigualdades sociales.
Este es el segundo año que fuimos testigxs de una celebración singular. El miércoles 18 de junio de 2025, el templo de nuestra Congregación San Lucas fue sede del acto del Día de la Bandera del Nucleamiento 2 de Educación de Adultxs de Malvinas Argentinas. Personas adultas, muchas de ellas con historias de interrupción escolar, de exclusión o de invisibilización, se pusieron de pie con emoción para realizar su promesa a la bandera. No fue solo un acto protocolar: fue un acto de reparación, de justicia y de afirmación de una ciudadanía viva, lúcida y resistente.
Esta forma de conmemorar el Día de la Bandera nos interpela profundamente como comunidad de fe. Nos recuerda que el Evangelio no puede separarse del compromiso con la dignidad humana. Como Iglesia, no estamos llamadxs a preservar privilegios ni a enarbolar discursos abstractos sobre el amor a la Patria; estamos llamadxs a encarnarlo allí donde esa Patria duele, en la falta de oportunidades, donde el Estado no mira, y donde la Patria solo tiene posibilidad de construirse desde lo colectivo. En cada mujer, en cada varón, en cada persona no binaria que elige seguir estudiando pese a todo, arde la llama de una Argentina más justa.
Servir a quienes más lo necesitan no es un gesto de caridad, sino un mandato ético del Evangelio. La vulnerabilidad —cuando es habitada con coraje— se convierte en lugar teológico: ahí habla Dios. Cuando una comunidad educativa de adultxs se reúne a prometer la bandera, no solo canta el himno; también declara que nadie llega demasiado tarde para reconstruir su vida, para reclamar su voz, para habitar la patria en primera persona, así como en la parábola de lxs trabajadorxs de la vid. Y como iglesia, si no estamos ahí, ¿dónde estamos?
La bandera no nos pide solemnidad vacía, sino acciones con un proyecto de nación donde el pan, la palabra y la dignidad no sean privilegios. Nos interpela sobre el país que soñamos, luchar por justicia, por educación, por soberanía. Y eso nos compromete. Por eso abrimos nuestras puertas, no solo como espacio físico, sino como comunidad que recibe, acompaña y se deja transformar por la presencia de lxs que luchan día a día.
Hoy celebramos la bandera, sí. Pero sobre todo celebramos a quienes la honran con sus vidas, desde abajo, desde los márgenes, desde el aula adulta y el cuaderno que se vuelve futuro. Desde la Congregación San Lucas, reafirmamos que nuestra fidelidad a Dios se expresa en nuestra fidelidad a quienes quedan excluidxs. Porque la verdadera Patria, esa Patria que arde, no es la que se defiende con discursos, sino la que se construye con amor, justicia y acciones comunitarias. Y allí, en esa Patria, oramos, habitamos y servimos.






