Resucitó en los márgenes: Pascua para quienes el mundo empuja fuera
Una Pascua que nace en los márgenes y se vuelve denuncia y esperanza. Cristo resucitado irrumpe en un mundo herido para restaurar la dignidad negada y convocar a la Iglesia a vivir una fe encarnada en la justicia, junto a quienes son desplazadxs y perseguidxs.
En esta Pascua 2026 proclamamos una verdad que incomoda y libera: Cristo ha resucitado, y lo ha hecho desde el lugar de lxs descartadxs. No lo hace desde la seguridad de los poderosos, sino desde la cruz, signo de humillación y violencia, y desde una tumba prestada en la periferia. Estamos en un mundo atravesado por una creciente deshumanización —que clasifica vidas, expulsa cuerpos y naturaliza el sufrimiento, la violencia, la manipulación de la información, el desprestigio de quien no piensa igual, y la muerte de inocentes como noticia cotidiana—, la resurrección es la irrupción de Dios que desarma esas lógicas. Es el “no” de Dios a todo lo que niega la dignidad humana, y el “sí” rotundo a la vida de quienes son desplazadxs y perseguidxs.
La cruz no fue el final, sino que fue el lugar donde Cristo asumió hasta el extremo la condición humana herida, despojada y violentada. Y la resurrección es la respuesta de Dios que restaura humanidad donde había sido negada. Allí nace nuestra esperanza, como fuerza concreta que nos llama a ver, a escuchar y a reconocer al Resucitado en quienes hoy siguen siendo empujadxs a los bordes de la existencia. La fe deja se der refugio pasivo y pasa a ser confianza activa en que Dios ya está obrando vida nueva en medio de la historia, aun cuando todo parezca decir lo contrario.
Por eso, esta Pascua es también una convocatoria para nuestras comunidades, a que la práctica de la justicia no sea un discurso ocasional sino una forma de vida eclesial. No alcanza con proclamar la gracia si no se traduce en vínculos que dignifican, en decisiones que reparan, en estructuras que incluyen. La vida nueva que celebramos nos empuja a revisar nuestras prácticas, a desarmar lo que excluye y a construir espacios donde cada persona sea reconocida como portadora de la dignidad que viene de Dios. Allí donde la comunidad se vuelve lugar de hospitalidad, de verdad y de cuidado, la resurrección se hace visible.
El Cristo resucitado nos envía a caminar con la otredad, especialmente con quienes cargan las marcas de la injusticia. Nos llama a ser testigos de una esperanza que no niega la realidad, pero que tampoco se resigna a ella. En medio de un tiempo que amenaza con endurecer los corazones, somos invitadxs a encarnar una fe que se traduce en justicia viva, en misericordia activa, en compromiso concreto con la vida.
Pr. Hernán Dalbes
Referentes y Colaboradores del Equipo de Trabajo
Congregación San Lucas | IELU
“Vengan, benditos de mi Padre… porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” (Mateo 25:34-36).
Ilustración de Maximino Cerezo Barredo.
¡Aleluya! ¡Ha Resucitado!
¡Jesucristo verdaderamente ha resucitado desde los márgenes!
Para quienes buscan cotidianamente la justicia, ¡Cristo ha Resucitado!
Para las y los perseguidos, ¡Cristo ha Resucitado!
Con los pobres de la tierra, ¡Cristo ha Resucitado!
Con las niñeces vulneradas en su dignidad, ¡Cristo ha Resucitado!
En cada mesa compartida donde nadie sobra, ¡Cristo ha Resucitado!
Junto a quienes lloran violencias e injusticias, ¡Cristo ha Resucitado!
En la dignidad recuperada de cada vida herida, ¡Cristo ha Resucitado!
Con quienes sostienen la esperanza en medio del dolor, ¡Cristo ha Resucitado!
En las comunidades que abrazan, sirven y resisten, ¡Cristo ha Resucitado!
Entre quienes alzan la voz por verdad y misericordia, ¡Cristo ha Resucitado!
En los cuerpos descartados por el mundo, ¡Cristo ha Resucitado!
Y desde los márgenes que Dios devuelve al centro, ¡Cristo ha Resucitado!
Servicio de Difusión
de la Congregación San Lucas | IELU
www.sanlucas.org.ar







